¿Qué es lo que hace singular una práctica pictórica?
Sin duda hay comportamientos pictóricos que responden directamente al hecho de percibir un entorno; la materia percibe y se percibe, y en esa doble vía de percibir y ser percibido se agitan los ánimos de la huida para luego dar forma a las composiciones que penden de las líneas y los colores. Cada entorno tiene sus particularidades que golpean y modifican los espíritus sensibles, al punto de forzar los cuerpos a componer algo, en este caso, de orden pictórico.
Teresa Cruz ha viajado a La Habana, Cuba, porque los ánimos que en ella se agitan han agarrado algo de síntesis pictórica, y para insistir allí su ojo, el del espíritu, necesita la experiencia de vida de esa isla del Caribe. El espíritu le dice que también el trópico tiene sus variantes según las latitudes y las longitudes, y que hay un lugar que congrega un cierto esplendor de color en el tiempo, una tibieza extraña en una isla del Caribe, teñida del color de la naranja en estado de putrefacción, de azul ultramarino, de ocres y marrones particularmente luminosos. El espíritu le dice que hay que ser una colorista en cualquier lugar, todo gran pintor sabe eso: Rivera, Delacroix, De Syzlo, Miró, Klee… todos han sido coloristas, porque han tenido el ánimo de la alegría. La alegría del color está en la naturaleza de la expresión pictórica; que la pintura no es otra cosa que la alegría del color, la alegría plenamente, de ahí su relación con la música: es la alegría del color sonando, el ritmo de lo sonoro.
El color es su mejor terreno, las zonas o franjas de color junto a los tonos que luego componen los cuerpos y las cosas. Hay una manera particular de hacer los tonos aun habiendo pasado por Cézanne y por Léger, o precisamente por haberlos pasado por alto, se trata, en todos los casos, de un colorismo vital.
También se es pintor porque hay que trazar algunas líneas en esa maraña de líneas que constituye una única línea continua: para hacer un cuerpo, para hacer paisajes, para hacer las ciudades y los hombres. El paisaje urbano caribeño está hecho aquí, básicamente, de horizontales y verticales; curiosa síntesis de lo que es en principio el paisaje urbano latinoamericano, terrerrumandista. Curioso porque en esta síntesis compositiva de verticales y horizontales se expresan plenamente el particular caos natural de la vida en este lado del trópico. La pictoricidad sin par que la esencia de lo que constituye un paisaje tropical urbano es absolutamente expresable en conjunto: en un cuerpo que se lanza a la ciudad, el hombre en la calle, la máquina de transporte agonizante, el murmullo de quienes conversan, quienes ríen, el olor del ron en la playa, en fin, la vida en la calle, están allí, con su tono y su alegría cara mostrada bajo la vieja fórmula del óleo sobre lienzo.
Por: CÉSAR ALFARO MOSQUERA
Comentario sobre la serie «Solares»